Pono Player: ¿Hacia una revolución de la música digital?

HACIA UNA REVOLUCION DE LA MUSICA DIGITAL

Hace algunas semanas, el mítico cantautor canadiense Neil Young volvió a primera plana. En una entrevista radial, Young estaba promocionando su nuevo emprendimiento: el Pono Player y el servicio de venta online de música en alta calidad. Este emprendimiento que recaudó más de 6 millones de dólares en Kickstarter surge desde la inquietud del músico por la fidelidad y la calidad sonora. Conociendo la afición de Young por los discos de vinilo, lo sorprendente de la entrevista fue que cuando le preguntaron al músico sobre el revival del vinilo, dijo que el fenómeno no era más que una declaración de moda. Young apuntó contra las ediciones nuevas, diciendo que en realidad utilizan masters de CD (lo que sería una contradicción considerando que el vinilo es un formato analógico). El problema de la apreciación de Young no tiene que ver únicamente con generalizar sobre el fenómeno del revival del vinilo. Es que además de disparar contra las reediciones en vinilo, Young criticó la masificación del MP3 de las últimas décadas, por degradar las grabaciones originales. Si bien es cierto que el audio comprimido representa una degradación de las grabaciones originales, el problema está en querer cercenar un amplio universo musical (la coexistencia de música en formato digital y analógico) basándose en una única apreciación o eje de discusión: la calidad sonora.

¿Qué es el Pono Player?

Que es el Pono Player

Se trata de un reproductor portátil de 400 dólares, con capacidad de reproducir audio digital en alta calidad (192 KHz/24 bits). Según la página web, el reproductor cuenta con un circuito electrónico con los mejores componentes disponibles en el mercado actual. Desde la página web de Pono se pueden descargar/comprar los archivos de audio de alta calidad. La base de datos de Pono va creciendo a medida que la empresa acuerda con los diferentes sellos discográficos, dueños de los masters digitales de los discos. La idea entonces es acceder directamente, mediante un sistema centralizado, a los masters digitales. De esta forma, el consumidor se asegura de estar escuchando el disco de su interés en la mayor calidad disponible, siempre en el ámbito de la música digital. Sin embargo, por el momento la mayoría de los discos disponibles para descarga se encuentran en calidad CD (44,1 KHz/16 bits). El precio de los discos oscila entre 10 y 30 dólares, dependiendo de la calidad de sonido de los archivos.

Revolución

Young ha utilizado su posición en el medio discográfico para promocionar el reproductor Pono, pero la idea detrás de plantear que un dispositivo de alta calidad de reproducción de audio es el comienzo de algo nuevo (o una “revolución en la industria musical”) suena más a fantasía que a realidad. Es cierto que a nivel técnico un archivo digital de alta calidad tiene mayor fidelidad que un MP3, pero por otra parte, también es cierto que los archivos comprimidos de audio facilitan su propia transmisión a través de diversos medios informáticos, sea internet (en otra época mediante los P2P y hoy mediante el streaming), pen drives, o soportes magnéticos. Obviar el hecho indiscutible de que la masificación del MP3 responde más a una cuestión comunicacional que a un retroceso de la percepción auditiva general nos lleva a un callejón sin salida. El MP3 fue diseñado según esquemas psicoacústicos, que privilegian la percepción de los sonidos por sobre sus cualidades meramente técnicas, buscando poner en una balanza equilibrada la percepción y la conveniencia.

Posiciones encontradas

En un curioso video, el divulgador tecnológico David Pogue realizó un experimento para comparar la calidad sonora del iPhone y del Pono Player. Lo que hizo fue descargar el mismo tema musical desde la web de Pono (en alta calidad) y desde el iTunes Store (en calidad normal) y mediante un splitter fue reproduciendo ambos temas en simultáneo a gente que no sabía a qué dispositivo correspondía cada tema. Es decir, la idea era averiguar si el consumidor promedio podía notar la diferencia de calidad entre un archivo digital de alta calidad y uno de calidad normal. Los resultados fueron contundentes: la mayoría de las personas no pudieron notar diferencia, y en muchos casos, prefirieron el sonido del iPhone con calidad de audio normal, antes que el del reproductor Pono.

Prácticas y usos de la música en la actualidad

La cuestión de la calidad sonora conduce irremediablemente a otro terreno: los usos y prácticas de escucha, y los ámbitos en los cuales escuchamos música. Poca gente tiene noción de lo que es un estudio de grabación, un micrófono condensador o una consola de mezcla de audio. Los reproductores portátiles están diseñados para ser utilizados en la calle, en transportes públicos, en eventos sociales, lugares con condiciones acústicas imperfectas y distracciones varias. Al grupo de individuos interesados activamente en el desarrollo de tecnologías relacionadas con el audio se los conoce como “audiófilos”, un minúsculo grupo dentro de la totalidad de los consumidores de música a nivel global. La contradicción de Pono es que se presenta como un reproductor portátil pero se diferencia de otros reproductores única y exclusivamente por tener una mayor calidad de reproducción sonora.

Pono y el mercado actual

Pono y el mercado actual

El punto sería entender si este nuevo emprendimiento de Young responde a una necesidad real por parte de la sociedad de mejorar la calidad de escucha o simplemente es un invento destinado a perecer o sucumbir ante la competencia. Si la calidad sonora no es una preocupación por parte de los consumidores, entonces el reproductor Pono no es una alternativa real al predominio del iPod o cualquier dispositivo capaz de reproducir sonidos con una calidad aceptable.

La generación del iPod y del streaming

Ipod

Si el iPod tuvo tanto éxito cuando vio a la luz durante la década pasada fue, antes que por una necesidad de mejorar la calidad de escucha, por privilegiar la conveniencia. No hay demasiado para interpretar, la generación del iPod (y la generación del streaming) no está interesada en la calidad de sonido. Young mismo lo plantea cuando sostiene que el consumidor de música actual busca conveniencia y que el vinilo es poco conveniente. El problema es que el reproductor Pono no suma conveniencia entre sus cualidades, siendo que su tamaño es bastante mayor al de otros reproductores o teléfonos portátiles.

La jerarquía de los formatos musicales

Jerarquia de los formatos musicales

Volviendo a la cuestión del revival del vinilo, no tiene nada de malo que un master de CD se utilice como fuente para masterizar un vinilo, siempre y cuando se respeten los criterios de ecualización del formato final. Algo bastante aceptado en el mundo del audio en general es que la calidad de audio de un CD supera ampliamente las expectativas de la mayoría de los consumidores de música (y también reproduce ampliamente el rango de frecuencias que el oído humano puede percibir). El vinilo se erige, entonces, como un formato deseable en el mapa de la música actual, aunque no por eso en el formato por excelencia. Se puede decir que no hay jerarquías en la elección de formatos. Cada formato tiene sus puntos a favor y en contra. Es indudable que el reproductor Pono es un dispositivo de interés para la industria musical, pero de ninguna manera es un dispositivo que modifique las prácticas y usos de los consumidores de música. El proyecto de Young es más bien utopista. Las tecnologías que revolucionan el mercado en determinados contextos no surgen de la nada, sino que responden a necesidades más o menos visibles de la sociedad. Si hoy en día el interés del consumidor de música promedio se basa en la conveniencia o la comodidad, es un sinsentido pensar que, por ofrecer un reproductor con mejor calidad sonora, el mismo consumidor se va a volcar a este nuevo invento. El reproductor Pono es una suerte de híbrido que no termina de definir una posición en un mercado que ya tomó como regla básica privilegiar la conveniencia por sobre la calidad sonora. ¿Qué nos queda a los coleccionistas de vinilos en un mundo que claramente ha orientado sus expectativas hacia el no-formato, materializado principalmente por los servicios de streaming? Bastante….considerando que vivimos en un mundo que ofrece alternativas para todo tipo de consumidores.

Dicho esto, el fenómeno del revival del vinilo en plena era digital tiene su razón de ser. El error consiste en jerarquizar la calidad sonora del vinilo con lo que el vinilo realmente ofrece como objeto cultural. El vinilo es un formato analógico que acepta como fuente cualquier tipo de contenido, independientemente de que sea analógico o digital. Lo interesante del vinilo es que pertenece al pasado y al presente. Si uno quiere tener una idea sobre el tipo de sonido predominante en la década del 60, puede escuchar un vinilo original de Los Beatles. Pero eso no representa la totalidad de la experiencia, sino que es una parte de ella. El objeto en sí ofrece mucho más que su contenido sonoro. Si uno sigue a una banda de la actualidad, puede conseguir el vinilo, que probablemente, además de la música, ofrezca una tapa elegante, algún insert, y probablemente un código para descargar el mismo álbum de internet en MP3. En el mejor de los casos, el mismo vinilo incluye un CD de forma gratuita. Es posible que la calidad sonora de ese vinilo en particular sea similar a la de la misma copia en CD, pero es el consumidor el que decide que formato escuchar. Es una elección completamente personal. Por este motivo, esto no quiere decir que el vinilo quede fuera de juego, o que la escucha de un disco en formato comprimido a través de un reproductor portátil no pueda ser una experiencia válida. Hay tantas experiencias válidas como personas habitan el mundo.

Proliferación de formatos

Muchas veces, las personas se enfocan en señalar defectos antes que en encontrar cosas positivas. Puede ser cierto que la batalla por la calidad sonora en el ámbito del audio hogareño o portátil sea casi una causa perdida. El cine ha tomado la posta de la calidad sonora, para ofrecer espectáculos más realistas. La industria del entretenimiento en vivo, con sus torres de sonido y demás tecnologías, también se ha encargado de llevar la experiencia sonora hacia niveles inimaginables. Esta industria ha intentado penetrar en las prácticas hogareñas con sistemas de audio envolventes (principalmente el 5.1), o con formatos ya en retirada como el DVD-AUDIO o el SACD. De todas estas tecnologías, probablemente la más popular sea la del sonido envolvente, pero viéndolo objetivamente, no se puede asegurar que las personas que tienen estos sistemas instalados en sus casas dispongan del entorno acústico necesario para garantizar la maximización del efecto buscado. Y con respecto al reproductor Pono, es difícil saber si los consumidores usarán el dispositivo en ámbitos silenciosos o ruidosos, que influirá de manera decisiva en la escucha real.

Pero lo interesante de esta época no es la batalla por la calidad sonora, sino la proliferación de formatos y prácticas en relación a los medios tradicionales de reproducción. En otra época, la sala de cine era el único lugar disponible para ver una película. Los conciertos eran la única oportunidad de conocer un artista nuevo. La llegada de Internet es un fenómeno clave para la industria musical porque da cuenta de modelos obsoletos que luchan por permanecer. El streaming parece ser, por ahora, un método rentable, tanto en el ámbito de la música (Spotify) como en el del cine y televisión (Netflix), pero no se sabe a ciencia cierta si es un modelo que perdurará. Las nuevas tecnologías de reproducción sonora se enfocan más en aportar conveniencia que calidad. Esto no significa que la calidad se deje completamente de lado. Lo que sucede es que se puede llegar a una calidad adecuada para el oído humano con pocos recursos técnicos. En este contexto, el reproductor creado por Neil Young y compañía es uno más entre los cientos de reproductores portátiles disponibles en el mercado. De ninguna manera es un dispositivo que pueda redefinir los usos y costumbres de toda una generación, incluso suponiendo que su diseño sea perfecto, o su precio, extremadamente accesible. La redefinición de un tipo de escucha es un proceso complejo que tiene múltiples aristas, siendo determinada tecnología puntual el elemento que materializa esas expectativas. En este contexto, no se visualiza una necesidad de cambio por parte de los consumidores de música. En todo caso, lo que predomina es una proliferación de prácticas y usos, todas coexistentes en un mundo globalizado.

Por Hernán Touzón

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