En busca del álbum olvidado: ¿Cuál es la verdadera razón por la que los vinilos enriquecen la música?

En busca del album olvidado
La era del Lo-Fi

Se ha hablado en extenso de la vuelta del vinilo y sus efectos en la industria de la música. Han aparecido defensores y detractores, los cuales se han centrado en discusiones que giran sobre los mismos puntos: la calidad del sonido y la dimensión objetual (con esta última palabrita difícil, hablamos de la “magia “que acompañaría al arte de tapa de los vinilos). La primera discusión permanece en un plano técnico y si bien apasiona a numerosos melómanos (entre los que se cuenta quien escribe estas líneas), es menester reconocer que  está en contradicción  con la era del Lo-Fi en la que vivimos (la mayor parte de la música se escucha en MP3 o formatos similares). A lo sumo, puede tratarse de una contracorriente contra la moda imperante, que puede volverse exitosa o no; pero no puede tratarse de un eje principal a la hora de analizar el impacto de la vuelta de los vinilos.

Dimensión Objetual

En cambio, las discusiones sobre la dimensión objetual revisten aspectos más interesantes, aunque corren con la desventaja de que están vinculadas con argumentos de gran subjetividad. En el mejor de los casos, escuchar vinilos es una opción personal de gusto; en el peor de los casos, es un placer snobista que está de moda.

Los orígenes de la desaparición del concepto de álbum

Teniendo en cuenta las dificultades que acarrean las temáticas antes citadas a la hora de poder determinar qué diferencias sustanciales posee la escucha de un disco en vinilo, sería útil traer a colación un elemento soslayado: la desaparición del álbum, provocada por la digitalización de la música (en especial , por los formatos del tipo MP3). Hasta la aparición del CD , el álbum había llegado a la complejidad que puede tener un cuadro de pintura. O una novela. O una película. Esta afirmación no es para nada pretenciosa. Me percaté de ella al hablar con un amigo aficionado a la música, quien me contaba que prefería escuchar canciones separadas en vez de un disco entero. Acto seguido, yo empecé a describirle la riqueza que poseía en numerosos casos escuchar un álbum completo. Y así fue como comprendí que algo que realizo de manera totalmente natural es desconocido por muchos. Con “complejidad” no estoy hablando de la música en sí (estaría haciendo una apreciación relacionada al contenido), sino a la manera en que ésta era presentada (su forma). Estoy indicando que el orden de las canciones no era arbitrario, sino que dependía de una profunda selección; estoy poniendo el dedo sobre los álbumes conceptuales; estoy recordando trucos que deleitaban a la audiencia, como el disco que termina igual que como comienza.

Podrán decirme con certeza que el CD no pierde todo esto. Y tendrían razón, pero estarían obviando que aquí se hizo el primer paso para la pérdida del álbum: la inclusión de bonus tracks, su introducción en medio de las canciones del álbum y las ediciones especiales con más discos fueron el preludio de la actual extinción del álbum. Hoy las canciones se escuchan totalmente separadas, sin respetar el orden en el cual el artista las concibió.

El vinilo y el álbum

El vinilo “obliga” por su formato físico a escuchar el disco entero, a causa de que es más incómodo adelantar. Y su división en lado A y lado B permite juegos ricos que desaparecieron en el CD. Basta recordar que la cara A de Signos de Soda Stereo cierra con el sonido de la guitarra de Cerati desenchufándose. O que en Aqualung de Jethro Tull, cada cara posee un título particular (que obedece a que se cuentan dos historias totalmente distintas en cada una de ellas).

Sumado a las posibilidades que proveía el arte de tapa (letras de canciones, imágenes, explicaciones sobre la historia del disco, etc) la información que proveía un álbum en la época dorada del vinilo rozaba el paroxismo. No bastaba con una sola escucha para captar todos los posibles sentidos. Son varios los casos memorables; ya citamos a Soda Stereo y a Jethro Tull. Pero podríamos hablar de Bringing It All Back Home de Bob Dylan (el primer disco eléctrico del bardo), en el cual el lado A es eléctrico y el lado B es acústico. O del Sargent Pepper´s de Los Beatles, donde al escucharlo entero descubrimos que la banda del sargento Pepper es un grupo de ficción que toca los temas del álbum. E incluso de los finales intencionales, como el “Nano Nano” que cierra Highway to Hell de AC DC o las aperturas monumentales de Back in Black y el primer disco de Black Sabbath. Todos estos detalles se han perdido en la agilidad del “neo zapping” del MP3. Sin embargo, la vuelta del vinilo indica que bien podrían volver a ser percibidos por una audiencia nueva que creció sin conocerlos. Si a esto les sumamos otras novedades (como la página Spotify, donde los oyentes escuchan álbumes), podríamos vislumbrar que la muerte del álbum no fue tan total como se veía. Este artículo no debe leerse como un esbozo de predicción. Tampoco como una queja ante lo traído por el MP3 (el cual uso asiduamente y todavía le debo agradecer por la libertad que me brinda). Simplemente, debe ser tomado como una invitación a descubrir otro aspecto de la música actualmente olvidado, que no viene a cambiar las escuchas o demoler los actuales hábitos de audición; simplemente, a enriquecer la experiencia del melómano y hacerlo disfrutarlo más del mayor arte de todos: la música.

Por Victor Tapia

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