De paseo por la feria de discos más grande del mundo

Utrecht

El tiempo es el principal enemigo a la hora de planear una visita a la feria de discos de Utrecht. Voy en el tren que sale cada 30 minutos desde la estación central de Amsterdam. En ese trayecto aprovecho para repasar la lista de expositores del flyer que me regalaron el día anterior en una disquería. Con una mínima descripción de la disquería/stand al costado de cada nombre (60s, indie, progressive, kraut, etc) me dedico a seleccionar alrededor de 20 stands de los 500 que figuran en el listado. Una cantidad de stands demencial. Cuando llego a la estación de Utrecht estoy medio desorientado por lo que me acerco a una señora que espera en la plaza y parece conocer el lugar. -“Hola, ¿sabe donde está el Jaarbeurs?” -”El qué?” – “No importa, estoy buscando el lugar de la feria de discos” – “Ahh, discos. Si. Es allá (señalando enfrente de la plaza) mi marido está ahí, “”él colecciona”” (lo dice en tono de broma, dando a entender que su marido es un fanático y ella lo está esperando afuera, acompañada por el frío).

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Jaarbeurs significa Trade Fair (en inglés) o feria de comercio (en español), o feria a secas. Tengo el código QR de la entrada, el cual apoyo directamente por el scanner y ya estoy dentro del Jaarbeurs. Pero no estoy dentro de la feria de discos. Veo antigüedades, cacharros, objetos generales no relacionados con la música. Al caminar me doy cuenta de que estoy en una zona perteneciente a otra feria. Sigo caminando, los mismos objetos. Sigo al menos 50 metros por lo que parece ser literalmente un hangar para aviones. Empiezo a ver algunos discos por ahí, pero sigo viendo cacharros. Después me entero de que hay una zona de la feria en la cual algunos coleccionistas ponen sus discos a la venta. Suena interesante, después voy a volver (no me acordé de volver). Al fin….llego a lo que TIENE que ser la famosa mega feria de discos.

Lo primero es…lo primero. ¿Por donde empezar? Miro el mapa y me ubico como un GPS humano. Voy caminando y sigo las secuencias de números del flyer, a la vez que comparo el dibujo con el trayecto real. Voy directo a los stands marcados. No puedo y no llego a ver los 500 stands. Hay que dejar cosas afuera. Lo primero que pienso es que se necesita de una organización y una estructura impresionantes para organizar el evento. Los stands en sí no tienen más que discos. Algunos disqueros se pusieron más ingeniosos que otros. Algunos pegaron discos en las paredes, otros no. Pero la creatividad visual no es de ninguna forma su fuerte.

Como sabía que iba a pasar exactamente lo que está pasando, me tomé el trabajo de armar una lista con discos que quiero comprar. Voy de stand en stand mostrando mi celular a cada vendedor. No hay un promedio de edad, hay vendedores viejos, jóvenes, hermanos, amigos, vendedores que llevan a sus hijos, a sus esposas, a sus empleados. Hay de todo. Hay gente de todos los países (alemanes, franceses, suecos, ingleses, estadounidenses, peruanos). Hay Rock, Jazz, Soul, Folk, Blues, en todas sus variedades. Está lleno de stands que venden singles!. Hay mucho Krautrock. Demasiado para un principiante como yo que solo conoce Neu! y Can. Piden 250 dólares por la edición original de Tago Mago. Suena diferente. El vendedor sueco me cuenta que hizo una comparación mano a mano con la reedición (que se ve en todos los stands). El veredicto: suena diferente.

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Volviendo al tema de la lista preparada…hay un pequeño problema. Al parecer, llegué tarde. No es recomendable ir el domingo porque los “coleccionistas” ya arrasaron con todo. Oficialmente, el evento se realiza sábado y domingo, 2 veces por año. Ya el viernes en una disquería me alertan. “Hoy (viernes) hay feria”. Hay que pagar una entrada de 60 euros si querés entrar. Se reúnen los vendedores y coleccionistas extremos”. Debería haber venido el sábado al menos. Pero Amsterdam tiene tanto para ofrecer que me olvidé de la feria de discos. Cuando termino de recorrer los stands que había marcado, me dispongo a caminar libremente por la feria. Encuentro más discos en stands que no había marcado. En particular, me quedo mucho tiempo en el stand de unos holandeses. Tienen buena variedad. A pesar de haber ido el domingo, me llevé buenos discos. Una edición francesa del primero de Velvet Underground, una reedición de Los Yorks, Mr Tambourine Man de The Byrds, uno de Mercury Rev.

¿Y cómo no mencionar siquiera el tema precios?. Internet es omnipresente. Es muy difícil encontrar discos difíciles a 4 dólares. Estamos hablando de coleccionistas que saben más o menos lo que buscan y de vendedores que proveen rarezas. Obviamente, se puede ir a la feria a comprar discos de Genesis a 2 dólares. Pero los discos difíciles son caros. Debería coleccionar jazz. El revival del vinilo. Mucha demanda, la misma oferta. Todos buscan Rock. Todos buscan lo mismo. Es cierto que salieron muchísimas reediciones pero también es cierto que la cantidad de usados circulando no aumenta. No puedo evitar ir caminando y escuchar las conversaciones entre los vendedores. Todos hablan de dinero. De discos. Pero de dinero. De los precios. Del revival. De lo caros que son algunos discos. Hay cierta arrogancia en algunos casos. En otros, es simplemente el comentario del dinero, como si los mismos vendedores fueran ajenos al mercado. “El mercado” regula los precios. Usted compra yo vendo. No es tan así. Aunque así funciona el capitalismo, eso dicen.

Es necesario hacer hincapié en internet para entender la cuestión de los precios. Si de rock hablamos, la mayoría del material que está en la feria, también está en internet (discogs, ebay, etc). Y en muchos casos más barato. La cercanía con el objeto produce una suerte de impulso irracional de querer comprar el disco a cualquier precio. Otro va a venir atrás y se lo va a llevar. Calma. En esos momentos, hay que ser como un monje budista. Estaba buscando el primer disco de Television Personalities. Menos mal que no estaba buscando el primero de Los Zombies. Lo tenían colgado a 600 euros. Ya llegando al final del día escucho una conversación entre un coleccionista de heavy metal y el vendedor, su victimario. – “El último cliente es siempre el mejor” dice el coleccionista. – “¿No me lo podés dejar a 250 en vez de 300?. Tengo que guardar algo para la nafta”. La escena, aunque la haya visto una vez, seguro que se repite en loop desde que la feria abre hasta que cierra.

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Voy a volver, probablemente el año que viene. Voy a ir el sábado. Voy a volver, probablemente en 2 años. Voy a ir el viernes. Voy a volver a casa con los bolsillos vacíos, desde ya. Pero….¿pasar todo un día dentro de la feria? No creo, hay muchas cosas para ver tanto en Utrecht como en Amsterdam. La feria cierra y las disquerías vuelven a la normalidad. Las rarezas vuelven a las bateas. Los vendedores y compradores se relajan y esperan hasta la próxima feria.

Por Hernán Touzón

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